Uno de los sistema de protección corporal es el sistema inmunológico, que nos protege de las amenazas continuas que recibe el organismo (infecciones, heridas, quemaduras, etcétera). La activación del sistema inmunológico supone un gasto de la reserva de energía del organismo. Para darte una idea de la cantidad de energía que consume el sistema inmunológico, ¿recuerdas lo débil que te sientes cuando luchas contra una infección como la gripe o un resfriado? Lo contrario ocurre cuando el eje activa la respuesta de huida o lucha: las hormonas secretadas por las glándulas suprarrenales suprimen por completo la actuación del sistema inmunológico a fin de conservar las reservas de energía. De hecho, las hormonas del estrés son tan eficaces a la hora de inhibir las funciones de defensa, que los médicos las recetan a los pacientes de trasplantes para que su sistema inmune no rechace los tejidos externos.
Este sistema o eje es un mecanismo brillante para manejar situaciones de estrés agudo; no obstante, este sistema de protección no está diseñado para permanecer activado de forma continua. Hoy en día la mayor parte del estrés que experimentamos no tiene carácter agudo, no son amenazas concretas que podamos identificar con facilidad, responder a ellas y seguir adelante. Nos vemos acosados a diario por multitud de problemas sin aparente solución en nuestra vida personal, nuestro trabajo y en nuestro planeta desgarrado por guerras o catástrofes naturales. Dichas preocupaciones no amenazan nuestra supervivencia inmediata, pero activan igualmente el eje y el resultado es una elevación crónica de las hormonas del estrés. Como ya se ha dicho, los dos sistemas de defensa no pueden trabajar simultáneamente: al activar uno, dejamos inactivo al otro.
Por medio del sonido podemos alcanzar profundos estados de relajación, meditación y fuerza interior El sonido es capaz de disolver cristalizaciones o energías potencialmente dañinas mucho antes de que lleguen al cuerpo físico. Lo cual no es otra cosa que medicina preventiva en su estado más puro
Mediante el empleo regular del sonido combinado con la intención, podemos empezar a vibrar de manera más rápida, a un
nivel celular o molecular.
Algunas de las frecuencias solfeggio son las siguientes:
UT – 396 Hz – Liberando la culpa y el miedo
RE – 417 Hz – Deshaciendo situaciones y facilitando el cambio
MI – 528 Hz – Transformación y milagros (reparación del ADN)
FA – 639 Hz – Conexión / Relaciones
SOL – 741 Hz – Despertar la intuición
LA – 852 Hz – Regresando al orden espiritual
Fuente: Pagina 48 libro Laboratorio Interior