Hay días en que nos sentimos como si fuéramos solo cabeza: mil pensamientos, deberes, ideas… pero poco registro del cuerpo, de su estado, de su historia. Y sin darnos cuenta, así pasamos semanas, meses, incluso años, disociados de lo más elemental: nuestra sensación de estar vivos.
Este ejercicio es una invitación suave, compasiva y concreta para empezar a escuchar lo que tu cuerpo quiere contarte. Porque a veces no es la mente la que tiene la respuesta, sino esa parte que lleva años en silencio.
🪷 Ejercicio guiado: Escribir desde el cuerpo
☑ Qué necesitás:
- Un espacio tranquilo
- Papel y lápiz o un cuaderno especial
- Entre 10 y 15 minutos
- (Opcional) Una vela, música suave o algo que te conecte con tu interior
📌 Paso 1: Bajá un cambio
Sentate cómodo. Cerrá los ojos unos momentos. Inhalá profundo. Soltá el aire sin apuro.
Preguntate:
— ¿Cómo está mi cuerpo en este momento?
— ¿Qué parte se hace más presente? ¿Qué parte no siento?
📌 Paso 2: Elegí una parte de tu cuerpo
No lo pienses mucho. Podés dejar que tu atención se pose intuitivamente en algún lugar:
- ¿Sentís un nudo en la garganta?
- ¿Te tironea la espalda?
- ¿Te duele el estómago sin motivo claro?
Esa es la parte que quiere hablar hoy.
📌 Paso 3: Escribí desde esa parte
Ahora vas a dejar que esa parte de tu cuerpo tenga voz. Como si fuera un personaje que quiere contarte algo.
Podés comenzar así:
— “Hola, soy tu pecho…”
— “Hace tiempo que intento hablarte, pero…”
— “Hoy me siento así porque…”
🧠 Preguntas terapéuticas que podés usar para guiar la escritura:
- ¿Cómo te sentís hoy? (ej.: “Estoy apretado… vacío… cansado…”)
- ¿Qué estás cargando que no te corresponde?
- ¿Hay algo que necesitás decir y yo no escucho?
- ¿Qué situación del presente te hace recordar algo del pasado?
- ¿Cuál fue la última vez que me sentí en calma contigo?
- ¿Qué harías si pudieras liberarte, moverte o llorar?
- ¿Qué te estoy pidiendo que hagas que no podés sostener más?
- ¿Qué parte de mí te recuerda a una herida vieja?
- ¿Hay algo que necesitás de mí para sanar?
💡 Tip: Podés usar una sola pregunta por día. O escribir libremente y luego releer, subrayando lo que más te impacta. No hay forma correcta de hacerlo.
📌 Paso 4: Cierre e integración
Cuando sientas que terminaste, leé lo que escribiste en voz baja. Escuchate. Y luego respondé, como si hablaras con un amigo que te mostró su dolor:
— “Gracias por contarme esto.”
— “No sabía que llevabas tanto tiempo esperando.”
— “Voy a estar más presente para vos.”
— “Te prometo que no voy a dejarte solo/a.”
También podés dibujar, estirar esa parte del cuerpo, o simplemente apoyar tu mano sobre ella como gesto de presencia.
La disociación no siempre es evidente. A veces, solo notamos que estamos lejos de nosotros mismos porque todo lo hacemos “por inercia”. Pero cada vez que escribís desde el cuerpo, lo traés de vuelta al centro. Le das palabra a lo que quedó silenciado. Y ahí empieza la verdadera integración: no desde la exigencia, sino desde el afecto.

Si alguna parte de vos lloró mientras escribías, no fue un error. Fue una señal de que estás empezando a volver.