El poder seductor de las heridas: la identidad del dolor

Dicen que el tiempo todo lo cura. Pero Caroline Myss, autora de La medicina de la energía, sostiene otra cosa: a veces, el dolor no se cura porque no queremos que se vaya. No por masoquismo, sino porque con él aprendimos a reconocernos.

A veces pasamos años repitiendo la misma historia: la traición, el abandono, el desencanto. La contamos una y otra vez, hasta que ya no se sabe si recordamos lo que pasó o el relato que inventamos para sobrevivirlo. Esa historia nos da nombre, lugar, incluso cariño. Ser “la herida” se vuelve una forma de pertenecer.

Myss llama a esto la heridalogía: la ciencia invisible de las heridas que otorgan poder.
El poder de ser escuchados, de ser comprendidos, de tener excusa.
El poder de no tener que cambiar.

Pero toda herida que se transforma en identidad deja de ser camino y se vuelve cárcel.
Y mientras una parte del alma sigue repitiendo “me hicieron esto”, otra queda suspendida, esperando el día en que alguien diga: “ya no soy eso”.

La sanación, dice Myss, empieza justo ahí: cuando soltar el relato duele más que mantenerlo, pero aun así elegimos el silencio y el vacío que deja la historia que se va.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *